Semana 43 · Reto 52 Semanas
Son las once y cuarenta de la noche.
Has bajado a la cocina a por agua y has encendido la tele por inercia, sin volumen.
Un periodista habla desde una acera. Detrás de él, un edificio de oficinas iluminado a esta hora.
Lees los rótulos.
Y entonces haces la cuenta que llevas media hora evitando.
Tienes 47 años. Tienes 96.000 euros ahí dentro.
Hace año y medio tenías 190.000.
Noventa y cuatro mil euros. Eso es lo que se ha ido. Y no de golpe, que casi hubiera sido mejor. Se ha ido despacio, mes a mes, mientras tú mirabas.
No necesitas ese dinero. Tienes trabajo. Te quedan veinte años por delante.
Da igual.
Subes a la habitación. No duermes.
A las tres de la mañana coges el móvil y buscas cómo se vende un fondo de inversión.
Es la noche del 8 de marzo de 2009.
Al día siguiente el S&P 500 cerró en 676,53 puntos.
El suelo. Vendiste el día antes del suelo.
Y ahí está todo lo que quiero contarte hoy. Porque si vende alguien que no tiene ninguna necesidad de vender, el problema no era el mercado.
El pánico no es un ataque. Es una rendición.
Fíjate en los meses, no en el porcentaje.
El máximo fue el 9 de octubre de 2007, con el S&P 500 en 1.565,15. El mínimo, el 9 de marzo de 2009, en 676,53. Un 57% menos.
Diecisiete meses.
Diecisiete meses abriendo el periódico. Diecisiete meses de comidas familiares con un cuñado explicándote que esto no ha tocado fondo. Diecisiete meses de rebotes que parecían el bueno y no lo eran.
Nadie vende el primer día. El primer día se aguanta. Hasta impresiona un poco, tiene algo de épico.
Lo que no se aguanta es el mes catorce.
Por eso el pánico no llega cuando te lo esperas. Llega cuando ya no puedes más, que es siempre en el peor momento posible.
Lo que pasó después
El S&P 500 volvió a máximos el 28 de marzo de 2013, en 1.569,19.
Desde el suelo, un 132% en cuatro años. Para el que no hizo absolutamente nada.
O sea que el que vendió aquella noche no evitó la pérdida. La hizo permanente.
Y muchos de ellos volvieron a entrar dos o tres años después, bastante más arriba, convencidos de haber sido prudentes las dos veces.
Vendieron barato y compraron caro. Con la conciencia tranquila.
Esa es la diferencia práctica entre volatilidad y riesgo.
La volatilidad fue el 57%. El riesgo fue vender.
Esa frase la has leído mil veces y normalmente se queda ahí, en la frase. Así que vamos a rematarla, porque tiene truco.
La volatilidad se convierte en riesgo el día que te obliga a vender.
Puede obligarte el dinero, si lo necesitas. O puede obligarte la cabeza, si no estabas avisado.
Lo primero se arregla con un colchón.
Lo segundo, con un papel escrito dos años antes.
Porque el objetivo nunca fue ganar dinero. Eso es lo fácil de decir. El objetivo es ganar dinero y poder dormir mientras lo haces.
Ya había pasado. Varias veces.
Cada generación se cree que la suya es la definitiva.
En 1973 la bolsa americana cayó un 45% y tardó veintiún meses en tocar fondo.
En 2000, un 47%, y esa vez fueron treinta meses hasta el suelo.
Y en 1929 fue mucho peor, aunque el dato que todo el mundo repite está mal medido. Ese lo dejo para otro día.
Todas se recuperaron. Todas parecieron el fin del mundo mientras duraban.
Las tres, con lo que le pasó a un índice de bolsa y lo que le pasó a una cartera repartida, están en la tabla del folio que te dejo al final. Con la metodología entera publicada, para que compruebes cada número en vez de creerme.
Pero ojo, que aquí es donde casi todos se equivocan al leer esto.
No escribes un plan porque sepas lo que va a pasar. Lo escribes para no sorprenderte de que pueda pasar.
Por eso la cifra que vas a apuntar dentro de un momento tiene que ser peor que el peor dato histórico. Lo que ha pasado es el suelo conocido. Que no es lo mismo que el suelo.
El plan cabe en un folio
Cuatro cláusulas. Se rellenan hoy, con el mercado tranquilo, y se firman.
Primera. Tu peor año, en euros.
Nadie vende por un menos cincuenta por ciento. El porcentaje es una abstracción y no duele.
La gente vende por 94.000 euros.
Coge lo que tienes invertido, aplícale una caída peor que la peor histórica y escribe el resultado. En euros. Grande.
Un aviso antes de que lo hagas. Ese 57% es lo que le pasa a una cartera de bolsa y nada más. Perfil máximo.
Y lleva perfil máximo mucha más gente de la que se cree. Casi nadie lo eligió. Se firmó en una oficina, en veinte minutos, sin leerlo.
Léela. Si ya te revuelve el estómago hoy, sin nada ardiendo en las noticias, el problema no es el plan. Es que llevas más riesgo del que aguantas. Y eso se arregla ahora, no dentro de año y medio a las tres de la mañana.
Segunda. Setenta y dos horas.
Ninguna orden se ejecuta el día que se piensa.
Se escribe, se fecha, y se esperan tres días. Si a las setenta y dos horas sigue pareciendo buena idea, adelante.
Casi nunca lo parece.
Tercera. Lo que sí vas a hacer.
Esta es la importante y casi nadie la ve.
El pánico no se combate con serenidad. Se combate con tareas pendientes.
El que tiene una aportación programada y una regla de rebalanceo escrita tiene algo concreto que hacer el lunes por la mañana. Y el que tiene algo concreto que hacer el lunes por la mañana no vende el lunes por la mañana.
Apunta cuánto aportas, qué día revisas y cuánto se tiene que desviar una posición para que la toques.
Cuarta. Quién más lo firma.
Tu pareja, un amigo, quien sea. Alguien a quien tengas que llamar antes de tocar nada.
A las tres de la mañana no hay nadie que te discuta. Un papel con dos firmas, sí.
Y si estás en Ataraxia (la membresía de ElProyectoK), mándamelo cuando lo tengas firmado. Lo guardo yo.
No para decirte qué hacer, que eso no es lo mío. Para que el día que me escribas a las tres de la mañana, lo primero que recibas de vuelta sea tu propio plan. Con tu letra, tu firma y la fecha en que lo escribiste tranquilo.
Discutir con un desconocido es fácil. Discutir contigo mismo de hace dos años, bastante menos.
Y debajo de todo, fecha y firma. Un documento sin fecha no obliga a nadie.
La misma cocina, dos años después
Misma hora. Misma tele. Los mismos rótulos.
La cifra de la pantalla es la misma.
La diferencia es que esa cuenta ya la hiciste hace dos años. En frío, con una calculadora y sin nadie mirando. Sabías que este número podía llegar. Lo escribiste. Lo firmaste.
Sigue doliendo, claro que duele.
Pero ya no es una sorpresa.
Y a las tres de la mañana estás durmiendo.
El folio
Te he preparado el documento entero para que lo imprimas y lo rellenes a mano. Las cuatro cláusulas, la casilla para calcular tu cifra en euros, el hueco de las dos firmas y la tabla de las tres crisis que te decía antes.
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Imprímelo. Rellénalo hoy, que hoy no pasa nada.
Y recuerda, la educación es el único activo que nadie te puede robar.
El plan se firma en frío. La cartera también se diseña en frío.
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Exdirector de inversiones y gestor de fondos cuantitativos. Cofundador de El Proyecto K junto a Joan Tubau, donde enseña inversión indexada con método cuantitativo. Diseña las Carteras K, carteras indexadas de bajo coste disponibles a través de InbestMe.
Contenido educativo, no asesoramiento financiero personalizado. Invertir conlleva riesgo de pérdida de capital; las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. Transparencia: el autor diseña las Carteras K, disponibles a través de InbestMe.


