En junio, los inversores de un fondo de Apollo pidieron recuperar su dinero.
No una parte pequeña. El 17% del patrimonio del fondo.
Apollo dijo que no.
Bueno, dijo que no del todo: capó los reembolsos, pagó a unos cuantos y a los demás les dio número para la próxima ventanilla. Semanas antes, BlackRock había hecho lo mismo con su fondo de crédito corporativo, donde las peticiones llegaron al 9,3% y saltó por primera vez el límite del 5%. Después vinieron Blackstone, Blue Owl, Morgan Stanley y Cliffwater.
Cinco semanas más tarde, el 27 de julio, CaixaBank anunció el lanzamiento de sus tres primeros fondos de inversión libre de mercados privados.
Y aquí estamos.
Qué es esto que ahora te quieren vender
Empecemos por el principio, que es donde nadie empieza.
La regulación bancaria encareció dar según qué préstamos a según qué empresas. Un préstamo a una empresa endeudada consume mucho capital, y el capital cuesta dinero. Así que el banco tiene dos opciones: renunciar al negocio o buscar a alguien que asuma el riesgo por él.
Adivina cuál eligió.
Se quedan el crédito y venden el riesgo. O directamente dejan de prestar y el hueco lo ocupan gestoras privadas como Apollo, Blackstone o Blue Owl. Al resultado le pusieron nombre en inglés, private credit, porque en español “préstamo caro a empresa muy endeudada que no cotiza en ningún sitio” vendía peor.
El mercado mueve hoy entre dos y tres billones de dólares. El FMI lo situó en 2,1 billones a cierre de 2023 y ha seguido creciendo a doble dígito durante una década, entre el 14% que calcula el BCE y el 18% que calcula el FDIC.
Al principio esto se lo vendían a fondos de pensiones y aseguradoras. Gente con equipos de análisis, abogados y capacidad de negociar condiciones.
Ahora te toca a ti.
Los cuatro defectos de diseño
No voy a decirte que el crédito privado sea una estafa. No lo es. Es un mercado legítimo donde algunos ganan dinero de verdad.
Lo que voy a decirte es que el producto que llega al inversor particular tiene cuatro problemas que no se arreglan con un gestor bueno. Están en el diseño.
Uno: te prometen una liquidez que el activo no tiene.
El fondo invierte en préstamos a siete años que no cotizan en ningún mercado. Y te ofrece salir cada trimestre. ¿Ves el problema?
Esa promesa funciona mientras casi nadie la use. El día que muchos quieren salir a la vez, el gestor no puede vender los préstamos, así que cierra la puerta. Por eso existe el gate, ese límite del 5% trimestral que la mayoría de estos fondos llevan escrito en el folleto y que casi nadie lee.
El gate no es un fallo. Es la pieza que evita que el fondo reviente. Está ahí a propósito. Y significa que tu dinero es líquido exactamente hasta el momento en que necesitas que lo sea.
Junio de 2026 no fue una anomalía. Fue el producto funcionando según lo previsto.
Dos: el precio te lo dicen ellos.
Estos préstamos no cotizan. Nadie los compra ni los vende cada día. Entonces, ¿de dónde sale el valor liquidativo que ves en tu extracto?
De un modelo. Mark-to-model, lo llaman. La gestora estima lo que valen sus propios activos.
Y cuando dos gestoras estiman el mismo préstamo, pasa esto: un mismo crédito valorado por una en 79 céntimos por euro y por otra en 46. Otro caso: 85 contra 49. El mismo papel, la misma empresa, el mismo día.
Uno de los dos se está equivocando. Tú no sabes cuál, y tampoco sabes si el que tienes en tu fondo es el optimista.
Tres: te comes la pérdida entera y te dan una parte de la ganancia.
Esto es deuda. Si al prestatario le va de maravilla, tú cobras el cupón pactado y ni un euro más. Si quiebra, puedes perderlo todo.
Beneficio limitado. Pérdida potencialmente enorme.
Es la misma asimetría de siempre, y sobre esa asimetría le montan encima una comisión de gestión y, en muchos casos, una de éxito. Mira el folleto en la CNMV y suma. Después decide si te compensa.
Cuatro: eres el último de la cola.
Los institucionales entraron primero, con mejores condiciones y equipos que leen los contratos. Cuando el producto empieza a atascarse arriba, el canal se abre abajo.
No hace falta pensar mal. Solo hace falta mirar el orden en que pasan las cosas.
Lo que ya se ha roto
Los números que sostienen todo esto han empeorado, y no lo digo yo.
El FMI: más del 40% de las empresas que reciben estos préstamos tenían flujo de caja negativo a cierre de 2024. En 2021 era el 25%.
De una de cada cuatro a más de cuatro de cada diez. En tres años.
Y luego están los casos concretos. Tricolor, prestamista de coches subprime, quebró en septiembre; en diciembre sus directivos fueron imputados por fraude sistemático tras pignorar los mismos activos varias veces. First Brands se fue al concurso con unos 12.000 millones de pasivo, meses después de recibir una auditoría limpia.
Jamie Dimon lo resumió mejor que yo: cuando ves una cucaracha, normalmente hay más.
La tasa de impago oficial del sector sigue por debajo del 2,5%. Pero si cuentas también las refinanciaciones de emergencia, que es donde se esconde el muerto, se acerca al 5%. Y el 57% del interés que estos fondos cobran “en especie” (el prestatario no paga en efectivo, añade la deuda al principal) se incorporó después de firmar el préstamo. O sea, como rescate.
Eso no es un detalle técnico. Es un cliente que no puede pagar y al que se le da una prórroga que engorda el problema.
Y ahora, España
Los tres fondos de CaixaBank son para banca privada, desde 50.000 euros. BBVA lanzó el suyo con Partners Group en noviembre.
Así que quizá pienses que esto no va contigo.
Va.
Porque la ley española ya rebajó el mínimo de entrada en capital riesgo de 100.000 a 10.000 euros, siempre que medie asesoramiento. Y el ELTIF europeo eliminó el suelo por completo: hay plataformas ofreciendo mercados privados desde un euro. Bankinter, MyInvestor, GVC Gaesco y Crescenta han captado juntos más de 500 millones en dos años.
La CNMV ha dicho que vigilará con lupa cómo se comercializa esto. Ojalá.
El producto ya está montado. El canal ya está abierto. Solo faltas tú.
Seamos honestos
Te debo los dos argumentos de la otra parte, porque si solo te cuento mi mitad te estoy haciendo lo mismo que el del banco.
El primero: el Banco de España dijo en mayo que el crédito privado en España pesa un 1,96% del PIB y que no muestra las señales de fragilidad que se ven en Estados Unidos. Tiene razón. Aquí el problema es más pequeño.
El segundo: Tricolor y First Brands tienen un componente grande de fraude puro y duro. Un fraude puede colarse en cualquier mercado, también en el cotizado.
Y sin embargo.
Ninguno de los dos argumentos toca los cuatro defectos de diseño. Un mercado puede ser pequeño y honesto, y el producto seguir siendo ilíquido, opaco, caro y asimétrico. Esas cuatro cosas no dependen de que haya crisis. Son así los martes por la mañana.
Qué hago yo
No lo toco. Ni en pintura.
Y no porque prediga un crash. No sé si esto va a estallar ni cuándo. Lo que sé es que me están pidiendo que renuncie a poder vender cuando quiera, que acepte un precio que se calcula solo, que pague por encima de lo que pago hoy y que asuma toda la pérdida a cambio de una ganancia con techo.
A cambio me ofrecen “descorrelación” y “acceso a mercados privados”.
Paso.
Un ETF global me da la propiedad de miles de empresas por menos del 0,25% al año, con un precio real cada segundo y la posibilidad de vender un martes cualquiera a las cuatro de la tarde sin pedirle permiso a nadie.
No es más sofisticado. Es que funciona.
Si alguien de tu banco te llama para hablarte de mercados privados, hazle tres preguntas y apunta las respuestas:
- ¿Cuánto puedo reembolsar en un trimestre y qué pasa si lo piden todos a la vez?
- ¿Quién valora estos activos y con qué frecuencia?
- ¿Cuál es el coste total anual, contando comisión de éxito?
Si titubea en alguna, ya tienes tu respuesta.
Deja de tener que preguntar
Hacer esas tres preguntas está bien. Pero es defensa.
La alternativa es no tener que preguntar nada, porque las decisiones sobre tu dinero las tomas tú y no dependes de lo que te quieran colocar.
No tienes por qué creerme. Pero te aseguro que te cambiará la forma de invertir para siempre.
Y recuerda, la educación es el único activo que nadie te puede robar.
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