Semana 36 · Reto 52 Semanas
La semana pasada vimos lo que te cuesta el producto: el fondo, el TER, las comisiones que se descuentan por detrás. Hoy toca el otro coste. El del intermediario. El de tu bróker.
Y si tienes uno de esos «gratuitos», este correo te interesa especialmente. Porque no es que tu bróker no te cobre. Es que ha encontrado formas de cobrarte que no aparecen en ningún extracto.
Volvamos a la inmobiliaria
Imagina una inmobiliaria que te dice que ella no cobra nada. Gratis. Y a la gente le encanta lo de gratis.
La casa está a la venta por 100.000 €. La inmobiliaria le dice al vendedor: «Tengo una oferta de 95.000». El vendedor, contento, acepta. Luego va al comprador: «Oye, hay mucha demanda, hay que subir a 105.000». El comprador, por no perderla, paga.
Resultado: la inmobiliaria se lleva 10.000 € limpios. El comprador pagó de más, el vendedor cobró de menos, y los dos tan felices porque «se han ahorrado la comisión».
En una vivienda esto acabaría saliendo ante notario. En los mercados, se esconde en un precio de ejecución un pelín peor. Tú no ves ninguna comisión. Simplemente compras un poquito más caro y vendes un poquito más barato de lo que deberías.
Ese es el truco de todo bróker «gratis»: el coste no desapareció. Se volvió invisible.
Los cinco sitios donde te cobran sin decírtelo
Cuando el bróker dejó de cobrarte una comisión por operación, no renunció al dinero. Lo repartió en cinco sitios donde no se te ocurre mirar:
- El spread. La diferencia entre lo que pides por vender y lo que otro paga por comprar. Si el bróker controla ese diferencial, cada operación tuya le deja un pellizco.
- El cambio de divisa. El recargo que te mete cada vez que compras algo que cotiza en otra moneda. Un ETF americano, por ejemplo.
- El interés sobre tu efectivo parado. El dinero que tienes en la cuenta sin invertir. El bróker lo coloca al tipo del banco central y te paga a ti una miseria, o nada.
- El préstamo de tus acciones. Con tu permiso —esa casilla que marcaste al abrir la cuenta—, presta tus títulos a un tercero y se queda todo o parte del alquiler. Los más decentes reparten la mitad contigo; otros se lo quedan casi entero.
- Los CFDs. El nivel final. Aquí el negocio son directamente tus pérdidas. Luego llegamos.
Y esto no es una sospecha mía. Está medido.
Empecemos por el primero de la lista: el spread. El truco de la inmobiliaria. Lo bueno de este tema es que no hace falta creerme. Hay datos.
La CNMV estudió las operaciones de un bróker de «coste cero» sobre acciones españolas. Resultado: el 86,4% de ellas se ejecutó al peor precio disponible, con un deterioro medio del 0,14% en esos casos. En promedio, el cliente soportó un sobrecoste de 1,09 € por cada 1.000 € operados. Poco, dirás. Multiplícalo por cada operación, durante años.
Un estudio publicado en el Journal of Finance en 2025 fue más lejos: lanzó 85.000 órdenes idénticas, a la vez, desde seis cuentas repartidas en cinco brókers distintos. ¿El resultado? La misma orden podía costar unas seis veces más según dónde la ejecutaras. El coste de ida y vuelta iba del 0,07% al 0,46%. Seis veces, por hacer exactamente lo mismo.
Y por si alguien piensa que esto es cosa de Europa: la SEC estadounidense multó a Robinhood con 65 millones de dólares tras concluir que sus clientes habían perdido 34 millones en peores precios. Y ojo: eso ya descontando lo que se ahorraron en comisiones. El «gratis» les salió caro.
El PFOF ha muerto. Larga vida al conflicto de interés.
Este cobro encubierto tenía nombre técnico: payment for order flow. El bróker enviaba tus órdenes a un creador de mercado, y ese creador le pagaba por el favor. Tú, mientras, te comías un precio peor.
Buenas noticias: la UE lo prohibió el 30 de junio de 2026. Se acabó.
¿O no?
Porque el conflicto de interés no ha desaparecido. Se ha reciclado, y en una versión más difícil de vigilar. Antes cobraban por mandarte a otro. Ahora, directamente, se convierten ellos en ese otro.
Trade Republic, desde julio de 2026, ejecuta tus órdenes por defecto contra su propio libro: en su modo «Best Price» (1 €), es él quien te vende y quien te compra, y se queda el spread. ¿Que ahora te dejan elegir el mercado? Cierto: existe la opción «Direct Price», que envía tu orden a la bolsa que tú elijas entre 30… pagando el doble (2 €). Fíjate en el diseño: el modo con conflicto de interés es el que viene activado de serie, y librarte de él cuesta dinero. Scalable fue más allá y montó su propia bolsa, la EIX, donde —leyendo la letra pequeña del reglamento— hay un único creador de mercado asignado por cada valor. Han construido el casino donde tú juegas.
Antes cobraban una propina por enviarte a otro. Ahora se quedan el spread entero. Mismo perro, distinto collar. Y lo más incómodo: como el modelo tiene semanas de vida, todavía no existe ni un solo estudio independiente que diga si ejecutas mejor o peor que antes. Vas a ciegas.
Y ahora la sorpresa: la mina ya no es el trading. Es tu dinero parado.
Todo lo anterior va de lo que pasa cuando operas. Pues agárrate: hoy, la mayor fuente de ingresos de un bróker no es que operes. Es el dinero que tienes sin invertir.
Charles Schwab ingresó 9.100 millones de dólares en intereses netos en 2024. Su línea de negocio más grande, con diferencia. Robinhood se embolsó 411 millones solo en el último trimestre de 2025.
El mecanismo es de una sencillez insultante: tú dejas 3.000 € en la cuenta esperando a invertirlos, el bróker los coloca al tipo del banco central, y a ti te paga una fracción. O nada. La diferencia se la queda él.
Por eso muchos brókers «gratis» te lo ponen tan fácil para tener saldo ocioso. No es comodidad. Es su modelo de negocio.
Los CFDs: cuando el producto eres tú
Queda el quinto de la lista. Lo he dejado aparte porque es el más sangrante, por si alguno anda coqueteando con ellos.
Un CFD es una apuesta sobre el precio de algo, sin poseer ese algo. Y en muchos brókers, cuando tú apuestas, la casa toma la posición contraria. Es decir: ganan cuando tú pierdes. No es una metáfora. Es el modelo de negocio, con nombre técnico: B-book.
¿Y pierde la gente? Los reguladores lo midieron. Según la ESMA (2018), entre el 74% y el 89% de los minoristas que operan CFDs pierden dinero. La CNMV lo midió en España entre 2015 y 2016: perdió el 82%. Ocho de cada diez. Y nada indica que la proporción haya mejorado desde entonces.
Plus500, uno de los grandes del sector, opera como creador de mercado —el famoso B-book—: es la contraparte de sus propios clientes y solo cubre parte del riesgo. ¿Resultado? Un margen EBITDA del 45% en 2024. Ese margen sale de un sitio muy concreto. En los CFDs, tú no eres el cliente. Eres el producto.
Y ahora, lo que de verdad te importa a ti
Si has llegado hasta aquí probablemente eres de los míos: inviertes indexado, compras y mantienes, apenas operas. Así que voy a ahorrarte preocupaciones.
El spread —con o sin PFOF— y los CFDs te afectan poco o nada. ¿Por qué? Porque casi no operas. Compras tu ETF una vez al mes y lo dejas décadas. El spread de una compra que haces doce veces al año es ruido.
Lo que sí te sangra, y mucho, son otros dos de la lista: el cambio de divisa —que aún no habíamos tocado— y el interés de tu efectivo, que ya conoces:
El cambio de divisa. Aquí las diferencias son de escándalo. Convertir euros a dólares para comprar un ETF cuesta un 0,03% en Interactive Brokers, un 0,5% en XTB y un 0,75% en eToro (y hasta el 1,5% en el peor caso). La misma operación, hasta veinticinco veces más cara según la ventanilla. Y esto lo pagas cada vez que aportas, durante toda tu vida inversora.
Eso sí: este peaje solo te lo cobran si compras en un mercado que cotiza en dólares. Y aquí está el truco que enseñamos en el Taller K: el producto puede estar denominado en dólares y aun así comprarse en euros en un mercado europeo. Tu bróker no te cambia nada; de consolidar en dólares ya se apaña la gestora.
Es como comprar un iPhone en Badajoz o en Nueva York. El mismo producto. En Badajoz lo pagas en euros, y de sus cuentas en dólares ya se ocupa Apple. Si vas a Nueva York, primero tienes que pasar por tu banco a cambiar euros a dólares… y ay, amigo, ahí ya puedes darte por jodido.
Por eso insistimos tanto en operar en los principales mercados europeos y en euros: el tipo de cambio —tan goloso para tu bróker— se queda sin comer. (La exposición a divisa del índice sigue ahí, ojo; lo que te ahorras es la comisión de la ventanilla.)
El interés que NO te pagan por tu colchón de efectivo. Si mantienes una reserva sin invertir, mira qué te paga tu bróker por ella. La diferencia entre uno que te da un tipo cercano al del BCE y otro que te da el 0% son cientos de euros al año que hoy regalas sin saberlo.
¿Y el préstamo de valores, el cuarto de la lista? Ese se resuelve en un minuto: revisa si lo tienes activado y qué parte del alquiler te pagan. Si te lo quedan casi todo, ya sabes con quién estás.
Esos dos números —markup de divisa e interés sobre tu efectivo— son los que tienes que comparar antes de elegir bróker. No la comisión de compraventa, que probablemente ni uses.
Una última cosa: el «gratis» tiene fecha de caducidad
Recuerda de dónde sale hoy el dinero de estos brókers: en buena parte, de los intereses sobre tu efectivo. Y eso depende de los tipos de interés.
Esa mina ya no es la que era: el BCE bajó los tipos del 4% al 2% entre 2024 y 2025, y hoy están en el 2,25%. Si los recortes se reanudan, se agota del todo. Y cuando se agote, el «gratis» se financiará de otra forma: apretando spreads, resucitando comisiones, inventando cuotas. El modelo gratuito vive de un dinero que es tuyo y cuyos intereses no ves.
Así que vigila los próximos trimestres. Porque el «gratis» de tu bróker no es un regalo. Es una promoción con letra pequeña. Y la letra pequeña, como siempre, la acabas pagando tú.
La semana pasada te dije que el coste es lo único que puedes controlar antes de invertir. Con el producto ya sabes mirar. Con el bróker, ahora también.
Solo falta la segunda palanca: el riesgo. Pero esa da para otro correo.
El método ya lo tienes. ¿Quieres construir tu cartera tú mismo, con datos y sin comisiones? En el Taller K lo hacemos paso a paso, contigo.


