Semana 40 · Reto 52 Semanas
Hasta que me convertí en el cuarto.
Está el metódico. Quiere controlarlo todo al detalle. Puede pasarse días, qué digo días, meses, qué digo meses, años buscando el momento perfecto, el activo perfecto, el bróker perfecto. Lo sabe todo, o eso cree. Se lo lee todo. Es ordenado hasta la obsesión.
Está el temeroso. Nunca entra porque siempre está caro. Cuando el mercado cae, va a caer más. Cuando sube, ya no puede subir más. Desconfía del bróker, desconfía del producto, desconfía de todo. Ve la vida pasar desde su cuenta corriente.
Está el ansioso. No sabe estarse quieto. Te enseña los últimos tuits, los últimos podcasts, la última salida a bolsa. Salta de un activo a otro como un borracho de bar en bar. Y no cambia porque el sitio esté mal. Cambia porque no soporta el vaso vacío. Invierte en todo y no invierte en nada.
Y está el ataráxico. Tiene un método y lo ejecuta. Tiene un plan escrito, disciplina para seguirlo, y no mira la cuenta cada día porque sabe que el corto plazo es ruido.
Los estoicos y los epicúreos, que discutían por casi todo, coincidían en esto: la ataraxia es la serenidad, la quietud. Pero fíjate en lo que significa de verdad, porque no es lo que parece. No es que las caídas no te toquen. Claro que te tocan. Es que cuando llegan no hay nada que decidir, porque lo que sí podías controlar, los costes y el riesgo, lo dejaste decidido el día que montaste la cartera.
El ataráxico no está tranquilo porque se lo proponga. Está tranquilo porque hizo el trabajo hace años y esta mañana no tiene nada pendiente.
Hoy te hablo de los dos primeros. El ansioso tendrá su semana, porque su problema no es que no se decida, es que se decide catorce veces al mes.
Lo que te cuesta equivocarte
Vamos a ponerle número, que es lo que hacemos aquí.
Coges 50.000€. Dos ETFs del mismo índice, uno al 0,07% de coste anual y otro al 0,20%. Supón un 8% bruto anual durante veinte años. No es una previsión, es una hipótesis para poder hacer la resta. Nadie sabe qué va a rentar el mercado, ni yo ni el que te venda lo contrario.
Con el barato acabas con 229.807€. Con el caro, 223.901€.
La diferencia son 5.906 euros. En veinte años enteros.
Ahora la otra cuenta. Mismo dinero, mismo ETF barato, misma hipótesis, pero tardas dos años en decidirte. Dos años de hoja de cálculo, de foros, de esperar a que salga una versión con menos comisión.
Acabas con 197.298€.
Has perdido 32.508 euros. Cinco veces y media más de lo que te habría costado equivocarte del todo.
Haz la cuenta al revés y sale el número que quiero que te lleves de esta newsletter. Unos cuatro meses comparando ETFs cuestan lo mismo que veinte años enteros en el ETF caro.
Cuatro meses. A partir de ahí ya no estás siendo prudente, solo estás perdiendo dinero. Y la mayoría de la gente que me escribe lleva mucho más de cuatro meses decidiéndose.
El metódico
La pregunta que más recibo es qué bróker elegir.
Aquí hay un suelo real que sí hay que comprobar, porque no todo vale: quién lo regula, que sea la CNMV o un supervisor europeo con pasaporte; que tus valores estén segregados del balance del bróker, como obliga MiFID II; y qué cobertura tiene el efectivo que dejes ahí sin invertir. Eso no es perfeccionismo. Es lo mínimo.
Y si lo que te frena es que la cuenta sea ómnibus y no aparezca tu nombre en ella, ya lo vimos en la semana 19. Suena mucho peor de lo que es.
Pero fíjate en que las tres comprobaciones son binarias. Cumple o no cumple. Media hora y se acabó. Lo que viene después, que si la aplicación es más bonita, que si aquel cobra cincuenta céntimos menos por operación, es matar el rato.
Con los fondos y los ETFs pasa lo mismo. Si cumple los cinco criterios K que vimos en la semana 18, no te obsesiones. De lo que se trata es de descartar basura, y después de cuarenta semanas leyendo esto creo que eso ya lo tienes claro.
Comparar para descartar lo malo es trabajo. Comparar para elegir lo mejor entre lo bueno es entretenimiento.
Y cuidado, que el menú también juega en tu contra. En un estudio sobre planes de pensiones de empresa con casi 800.000 empleados, cada fondo añadido al menú venía acompañado de una caída en la participación de entre 0,15 y 0,20 puntos. Más opciones, menos gente invirtiendo. Gente que renuncia a la aportación gratis de su empresa porque no sabe cuál de los cuarenta elegir.
No es que sean tontos. Es que cuando le pones a un cerebro cuarenta opciones buenas delante, se bloquea. Y ahí se queda.
El temeroso
Te acuerdas de Agustín.
Te hablé de él en la semana 18. Mi amigo que llevaba tres años a punto de empezar a invertir. Tenía el dinero parado en la cuenta, tenía las ganas y hasta tenía el bróker abierto. Solo le faltaba elegir el ETF.
Han pasado veintidós semanas desde que te lo conté. Agustín sigue sin invertir.
Y ya ni siquiera es por el ETF. Ahora es que está caro.
«Está en máximos, espero una corrección.»
Este es el más caro de todos, porque no termina nunca. Si el mercado cae, esperas a que caiga más. Si sube, ya se te escapó y esperas a la siguiente. Siempre hay una razón para esperar, y cuando esa se resuelve aparece otra. Las elecciones, el banco central, la guerra.
Haz la cuenta de antes con los tres años y medio de Agustín. Si lo que tiene parado fueran esos 50.000€, esperar le habría costado unos 54.000 euros. Más de lo que tiene en la cuenta.
Vanguard comparó entrar de golpe contra repartir la entrada en tres meses, midiendo el resultado al cabo de un año. Entrar de golpe ganó entre el 61,6% y el 73,7% de las veces según el mercado, en series que llegan hasta 2022 y que en el caso global arrancan en 1976. No siempre. La mayoría de las veces. Eso es todo lo que se puede decir con honestidad, y es suficiente.
Hay una tercera versión de este miedo que casi nadie reconoce: esperar a saber más. Un libro más, un curso más, la semana que viene de esta newsletter.
Y aquí me señalo yo. Llevas cuarenta semanas leyéndome. Si en cuarenta semanas no has movido un euro, esta newsletter se ha convertido en tu excusa favorita, y eso es justo lo contrario de para lo que la escribo.
Lo que une al metódico y al temeroso es que la decisión que les tiene paralizados es reversible. El bróker se cambia. La cartera se traspasa. Y si son fondos, en España se traspasan sin pasar por Hacienda, un privilegio fiscal que casi ningún europeo tiene.
Dos años agonizando por algo que puedes deshacer en tres semanas.
El único objetivo viable
Conozco más inversores tontos y ricos que premios Nobel. No sé cómo poner más énfasis en esta frase, pero créeme cuando te digo que en este negocio la inteligencia sirve de bastante poco.
Pero Pablo, yo he oído que hay hedge funds que contratan físicos y matemáticos.
Ya. También los contrataba Long-Term Capital Management, con dos premios Nobel sentados en el consejo. Te conté cómo acabó eso en la semana 15.
He gestionado fondos cuantitativos durante años y he visto de cerca cómo invierte la gente que se supone que más sabe. Quédate con esto: no soy más listo que la media. Soy más disciplinado que la media. Mis estrategias las entendería un niño de diez años.
Ese es el secreto. Que no hay secreto.
No llevo un control obsesivo de cada pieza. No sabría decirte qué parte de mi cartera ha ido mejor este último año, quizá la tecnología, quizá la carne de cerdo. No tengo ni idea porque me da igual. Cada estrategia que tengo lleva sus reglas escritas antes de entrar y su peso asignado dentro del conjunto, así que no necesito saber cuál ha brillado para saber si el sistema funciona.
Porque el objetivo no es acertar. El objetivo es controlar el riesgo, nunca la rentabilidad. Maximizar la rentabilidad por unidad de sueño.
Y eso no se consigue encontrando el activo perfecto ni la estrategia perfecta. Se consigue combinando activos imperfectos que se muevan de forma distinta entre sí. Ese es el santo grial y no es ningún secreto, lo publicó Markowitz en 1952.
Un ETF apalancado por tres no es escalar tu cartera. Es apostar a un número de la ruleta. Escalar es una cartera de activos poco correlacionados, ajustada a tu perfil de riesgo, barata, con reglas de rebalanceo, y aguantarla mucho tiempo.
Qué haces el lunes
Recibo muchas preguntas sobre qué ETF es mejor. La respuesta es sencilla: el que te haga ganar más dinero. Y eso no se sabe de antemano.
Así que la respuesta útil es esta otra: el que te hará ganar más dinero es aquel en el que más tiempo permanezcas invertido.
Coge tu lista de candidatos. Si dos o más cumplen los criterios K, ya has terminado de decidir. Elige por orden alfabético si hace falta. Da igual, en serio. Lo que hagas después de elegir vale sesenta veces más que lo que elijas.
Si lleva más de un mes en tu lista de tareas, hoy es el día.
Sé sencillo. Sé modesto. El que mucho espera, pronto se defrauda.
Esta semana en datos
- 1,2 puntos porcentuales al año. Distancia entre lo que rindieron los fondos y ETFs estadounidenses (8,2%) y lo que rindió el dinero invertido en ellos (7,0%) en los diez años cerrados a 31/12/2024. En torno al 15% de la rentabilidad total. Morningstar, Mind the Gap 2025.
- Entre 0,15 y 0,20 puntos cae la participación en un plan de pensiones de empresa por cada fondo que se añade al menú. Muestra de casi 800.000 empleados en 647 planes. Iyengar, Huberman y Jiang, «How Much Choice is Too Much?», en Pension Design and Structure: New Lessons from Behavioral Finance, Oxford University Press, 2004.
- Entre el 61,6% y el 73,7% de las veces, invertir de golpe superó a repartir la entrada en tres meses, medido a un año y según el mercado analizado. Vanguard Research, Finlay y Zorn, «Cost averaging: Invest now or temporarily hold your cash?», febrero de 2023.
- 5.906€ frente a 32.508€. Lo que cuesta elegir el ETF caro durante veinte años frente a lo que cuesta pasar dos años eligiendo. Sobre 50.000€ y una hipótesis del 8% bruto anual. Cálculo propio. Hipótesis de rentabilidad, no previsión.
El método ya lo tienes. ¿Quieres construir tu cartera tú mismo, con datos y sin comisiones? En el Taller K lo hacemos paso a paso, contigo.


