Semana 31 · Reto 52 Semanas
Hoy vamos a hablar de números. Pero antes, una pregunta.
Invertimos con un solo objetivo. ¿Cuál?
¿Que tu banco se haga más rico? No. ¿Que te inviten a un hotel de cinco estrellas a comer jamón? No. ¿Que seas más listo que tu cuñado en la cena de Navidad? Tampoco.
Nuestro único objetivo es ganar el mayor dinero posible durmiendo tranquilos. Y no te saltes la segunda parte de la frase, porque es la que hace posible la primera.
No me cansaré de repetirlo: invertir bien es un juego mental. Ser el número uno de la ATP es un juego mental. Meter un penalti en el minuto 90 jugándote la clasificación es un juego mental. La cabeza tiene mucho que decir en casi todo, y es lo que separa al excelente del mediocre. Suena duro, pero no te voy a engañar.
El método ya lo tienes. Sabes que es ganador, más de cien años de histórico lo avalan. La gestión del riesgo también la tienes: invertir conforme a tu perfil va por delante de todo. Si no, créeme, fallarás. La codicia acaba con muchas carteras. El querer hacerse rico rápido con el pelotazo de moda te puede costar los mejores años de interés compuesto. Querer ser más listo que nadie con tesis que solo tú ves, igual.
No somos conscientes, sobre todo de jóvenes, de que el tiempo es escaso. Pensamos que tenemos el vellocino de oro y que vamos a multiplicar la cuenta por diez, porque nosotros sí lo vamos a conseguir.
Es lo que tiene la inversión: te hacen creer que tú puedes ser un inversor estrella.
En cualquier otra faceta de la vida te reirías. Si te dieran un balón y te dijeran «vas a ser como Messi», o te pusieran delante de un quirófano y te dijeran «vas a operar como Alfredo Quiñones-Hinojosa, adelante campeón», no sé si te reirías o saldrías corriendo. Pero en la inversión te hacen creer que sí. Que da igual que seas dentista, fontanero o astronauta. Que tú puedes hacerte millonario con la app del broker.
Y poco a poco, a base de palos, descubres que igual no era tan fácil. Pero lo importante no es el coste en dinero. Es el coste en tiempo. Los años que perdiste, donde un simple «piso financiero» podía haber estado componiendo y construyendo las bases de una vida tranquila para tu agradecido yo del futuro.
Yo también cometí el error. En mi caso tuve suerte, o quizás mala suerte, no sé, porque me fue bien los primeros años. Con método, money management y cabeza, gané dinero. Así que no te digo que sea imposible. Te digo que no es para todos, y que yo no soy un elegido. Luego vinieron años en los que las estrategias se rompieron y no era capaz de volver a la magia. Me fui haciendo mayor, toleraba cada vez menos el riesgo, y cuando te pones delante de un toro y dudas, te mata. Así que me fui volviendo más sensato y construí mi piso financiero.
Ahora viene la parte de los números.
No voy a coger un fondo basura para sacar pecho
Sería fácil. Cojo el peor fondo de un banco, lo enfrento a una cartera indexada y hago el paseíllo. Pero eso es trampa, y tú no estás aquí para que te engañe.
Así que voy a hacer lo contrario. Voy a coger uno de los fondos de gestión activa de bolsa americana con más recorrido y mejor reputación que existen: el Franklin US Opportunities, de Franklin Templeton, una de las gestoras más grandes del mundo. Un equipo de analistas detrás. Gente que se dedica a esto y que es muy buena en lo suyo.
El Messi de los gestores, vaya.
Y lo voy a enfrentar a algo que no tiene gestor. A una receta. Siete ETFs de distintos sectores de Estados Unidos, una porción de oro y un poco de renta fija. Lo que aquí llamamos la Cartera K8. No hay nadie tomando decisiones brillantes. No hay nadie acertando. Hay una fórmula que se rebalancea sola.
Adivina quién gana.
Y lo voy a poner todavía más difícil
No me vale empezar en una fecha cualquiera. Voy a empezar el experimento en el peor momento que se me ocurre.
Abril del año 2000. La burbuja puntocom acababa de reventar.
Para que te hagas una idea de la locura de aquellos años: el Nasdaq, el índice de las tecnológicas, había subido un 572% en cinco años. Casi siete veces. Todo el mundo era millonario sobre el papel. Tu vecino, tu cuñado, el del quiosco. Todos invertían en tecnología y todos ganaban. Hasta que dejaron de ganar.
El índice tocó techo el 10 de marzo de 2000 y empezó a desplomarse. Cuando arranco este experimento, en abril, ya estaba cayendo a plomo. Y siguió cayendo hasta dejarse un 78%. Casi ocho de cada diez euros, evaporados. ¿Sabes cuánto tardó el Nasdaq en recuperar aquel nivel? Quince años. Quince. Si compraste tecnología en aquel momento, estuviste década y media solo para volver a ver tu dinero.
Ese es el momento en el que voy a meter los 100.000 euros. El peor de la historia reciente. A ver qué pasa.
Veintiséis años después
El periodo va de abril de 2000 a junio de 2026. Veintiséis años. Mismo mercado para los dos, Estados Unidos, misma divisa, el dólar. Comparación limpia, de tú a tú. 100.000 euros al principio.
Al final del viaje, ya descontado todo lo que tiene que descontarse, con el dinero limpio en tu cuenta: la K8 te deja 884.144 euros. El fondo estrella, 328.768.
No es que gane. Es que la K8 te deja casi el triple.
Pero espera, porque el número final engaña si no entiendes de dónde sale. Y de dónde sale es lo único que importa.
El dolor, medido
Voy a hacer una cosa que casi nadie hace, porque casi nadie quiere que mires aquí. En vez de enseñarte los mejores años de cada cartera, te voy a enseñar los peores. La peor racha de doce meses, la peor de tres años, la peor de cinco. El suelo. Lo más hondo que tocó cada una.
Porque tú no abandonas una cartera cuando va bien. La abandonas cuando va mal. En el suelo. Cuando ya no aguantas más. Así que el suelo es lo único que de verdad predice si vas a aguantar.
Empecemos por la herida más grande. El fondo estrella, en su peor momento, cayó un 72%. Casi tres cuartas partes de tu dinero, desaparecidas. Y tardó trece años en recuperarse. Trece años mirando una cuenta en números rojos. La K8, en su peor momento, cayó un 28%. Duele, claro que duele. Pero es la diferencia entre apretar los dientes año y medio y pasarte trece años pensando que arruinaste tu vida.
La peor racha de tres años del fondo: perdías un 9% cada año, tres años seguidos cuesta abajo. La K8, en sus peores tres años, seguía ganando.
Y ahora el dato que lo resume todo. La peor racha de cinco años de cada una. Cinco años es mucho tiempo. Es el plazo en el que un inversor normal ya se ha rendido tres veces.
El mejor fondo de gestión activa de Estados Unidos, en su peor lustro, te hacía perder un 12% al año. Cinco años seguidos perdiendo dinero. Cinco.
La K8, en su peor lustro, te seguía dando un 3% anual. Su peor escenario, su momento más negro, y aun así ganabas dinero.
Lee eso otra vez. El peor escenario de la cartera eterna es ganar poco. El peor escenario del crack es arruinarte durante un lustro. No hay color.
Y ya te veo venir
«Pablo, estás haciendo trampa. Comparas un fondo de bolsa pura con una cartera que lleva oro y bonos. Claro que cae menos.»
Tienes toda la razón. Y esa es justo la cuestión.
La K8 no gana porque elija mejores acciones americanas que Franklin. Pierde esa pelea, de hecho, si la juega a pecho descubierto. Gana porque no la juega. Mete oro, mete bonos, mete cosas que se mueven distinto de la bolsa, y por eso cuando la renta variable americana se desploma, la receta solo cede una parte. Eso no es un truco para quedar bien en el backtest. Es lo único que te mantiene dentro el día que todo arde.
Y hazte la pregunta de verdad. ¿Tú meterías cada euro que tienes en un solo fondo de bolsa americana y te irías a dormir veintiséis años? No. Nadie sensato lo hace. En una cartera de verdad, ese fondo sería una porción, no el todo. Así que la comparación honesta no es «bolsa pura contra cartera diversificada». Es lo que de verdad tienes delante: o construyes algo que se sostiene solo, o le entregas tu dinero a una estrella y rezas para que esta década sea de las buenas.
Comparar la pera con la manzana es el experimento entero. La pera lleva oro. Por eso se duerme mejor con ella.
Por qué esto no es suerte
Aquí está lo que de verdad quiero que te lleves hoy.
El gestor del Franklin es bueno. No es ningún paquete. Pero empezó a jugar con dos pesos atados a los tobillos: sus comisiones y la imposibilidad de acertar siempre durante veintiséis años. Y le tocó arrancar en el peor momento posible, igual que a ti te puede tocar. Ni Messi mete todos los penaltis.
La Cartera K8 no apuesta. No juega a ser Messi. Juega a no necesitar serlo. Por eso aguanta hasta empezar en plena burbuja reventando.
Y esa es la diferencia que lo cambia todo. Por el Franklin han pasado varios gestores en estos veintiséis años. Personas. Personas que se jubilan, que tienen una mala década, que se cansan, que un día las cambian por otra. La cartera eterna no se jubila. No tiene una mala racha porque se está divorciando. No la sustituyen. Es una receta, no una persona. Nos sobrevivirá a ti y a mí.
No necesitas encontrar al gestor inspirado. Necesitas dejar de buscarlo.
Esta semana en datos
- Empecé el experimento en abril de 2000, con la burbuja puntocom reventando. El Nasdaq se dejó un 78% y tardó quince años en recuperarse.
- Peor caída del fondo estrella: −72%, trece años para recuperar. La K8: −28%.
- Peor racha de 5 años: el fondo perdía un 12% anual. La K8 ganaba un 3% anual. Su peor escenario seguía siendo positivo.
- Al final del viaje, neto: 884.144 € la K8 frente a 328.768 € el fondo. Casi el triple.
Fuente: backtest propio abr 2000 – jun 2026, con valores liquidativos reales del fondo (clase A USD, LU0109391861). Datos del Nasdaq: Nasdaq Inc. Comparativa educativa, no recomendación de compra ni venta.
Hoy te he enseñado el viaje: lo que dolió por el camino y lo que te quedó limpio al final. Pero hay otra capa debajo.
Te he preparado el informe completo de esta comparativa. Ahí verás los números en bruto, antes de impuestos, y verás también lo que se lleva el gestor en comisiones cada año, que es harina de otro costal y agranda la distancia todavía más. Es la radiografía entera, página a página.
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El backtest completo K8 vs. Franklin US Opportunities: las cifras en bruto, antes de impuestos, y lo que se lleva el gestor en comisiones cada año. Suscríbete y te lo enviamos al instante.
Léelo con calma. Y luego hazte la pregunta de hoy: ¿cuántos años llevas buscando al gestor inspirado en lugar de construir tu piso financiero?
Quizás, solo quizás, sea el momento de que tomes las riendas de tu dinero; tu yo del futuro te lo agradecerá.
Pd: confiesa que no te tranquiliza saber que, aunque mañana explotara otra burbuja, tú podrías dormir tranquilo!
Deja de buscar al gestor estrella. Construye tu piso financiero.
En el Taller de El Proyecto K aprendes a construir una cartera diversificada de bajo coste que aguanta los peores momentos, sin depender de que nadie acierte. A tu ritmo, cuando estés listo.
Exdirector de inversiones y gestor de fondos cuantitativos. Cofundador de El Proyecto K junto a Joan Tubau, donde enseña inversión indexada con método cuantitativo. Diseña las Carteras K, carteras indexadas de bajo coste disponibles a través de InbestMe.
Contenido educativo, no asesoramiento financiero personalizado. Invertir conlleva riesgo de pérdida de capital; las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. Transparencia: el autor diseña las Carteras K, disponibles a través de InbestMe.


